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Parte III

A la mañana siguiente Usagi, Minako y Amy se fueron a comprar el vestido de novia de Minako, lamentablemente Makoto no pudo acompañarlas, Seiya y sus hermanos fueron en busca de sus trajes, así que la pequeña Rini se quedo al cuidado de Michiru, quien decidió llevarla al parque para que la pequeña jugara un momento.

La pequeña estaba en la arena y Michiru estaba en la banca cuando de pronto: ¿Puedo sentarme contigo? – preguntó Mamoru.

Sí, claro – respondió Michiru.

¿Qué haces aquí? – dijo Mamoru.

Bueno, hoy estoy cuidando a la hija de Seiya y Usagi – dijo Michiru.

Mamoru sintió que su corazon palpitaba aceleradamente, -¿dónde está? – preguntó muy nervioso.

Sabes, no creo que a Usagi le agrade la idea de que conozcas a su hija – dijo Michiru.

Por favor, no digas mi nombre y permíteme verla – dijo Mamoru.

Está bien – dijo Michiru quien fue a traer a la pequeña.

Ella es la pequeña hija de Usagi- dijo Michiru.

Mamoru la tomó entre sus brazos y al hacerlo sintió una sensación que no sabía cómo explicar, sus ojos se llenaron de lágrimas, la pequeña lo abrazó y lo veía dulcemente.

¿Qué te pasa Mamoru? – dice Michiru.

Es que pienso que pudo ser mi hija – dice Mamoru.

Vamos, no pienses en lo que no fue – dice Michiru.

¿Ella es feliz? – pregunta Mamoru.

No sé qué decirte, nuestra Princesa ya no es la misma – dice Michiru.

Quisiera hablar con Usagi – dice Mamoru.

No creo que sea posible – contesta Michiru.

Ayúdame, sé que no me lo merezco, pero quiero hablar con ella – dice Mamoru.

Yo no puedo ayudarte, pero si aún la amas, búscala – dijo Michiru. La pequeña se había quedado dormida entre los brazos de Mamoru.

Bueno, debo irme, si quieres un consejo lucha por la Princesa, creo que aun te ama – dijo Michiru tomando a la pequeña y marchándose.

Mamoru veía como se alejaba aquella niña que según él pudo ser su hija, mas no se imaginaba que en verdad él era su padre.

Usagi, Amy y Minako habían llegado y por fin habían encontrado el vestido perfecto para Minako, minutos después llegaron Seiya y sus hermanos.

Hola bombón – dijo Seiya.

Hola Seiya ¿Cómo te fue? – dice Usagi.

Muy bien bombón, encontramos el traje perfecto para Yaten – dice Seiya.

¿Y Rini? – dijo Taiki.

Mi hija salió al parque con Michiru – dijo Seiya.

Vaya Seiya, eres todo un padre – dice Taiki.

Sí, mi hija y mi bombón son lo que mas quiero – dice Seiya.

Oye Yaten, no has saludado a tu novia – dice Taiki.

Sí, es cierto – dice Seiya. Mina, acompáñame a arreglar los últimos detalles en la iglesia – dijo Yaten.

Amy, acompáñame al parque – dijo Taiki.

Si, está bien – dijo Amy.

La verdad, la intención de todos era dejar sola a la pareja.

Bombón, ¿quieres ir a ver a tus padres? – dijo Seiya.

Sí, me encantaría presentarles a su nieta – dijo Usagi.

Muy bien, esperemos que Michiru la traiga – dijo Seiya.

Minutos más tarde iba llegando Michiru con la niña, por lo que se dispusieron a ir a casa de los padres de Usagi. Faltaban unas cuadras para llegar cuando al doblar en una esquina se encuentran a Mamoru. El ambiente se tornó tenso.

Usagi – dijo Mamoru impactado de ver a la rubia con Seiya y la pequeña.

Usagi por su parte sintió que su corazón palpitaba aceleradamente, pero no prestó mayor atención a Mamoru y se fue de paso con Seiya y su hija. Seiya notó la reacción de los dos al verse, él sabia que se querían aún.

Bombón, ¿te encuentras bien? – preguntó Seiya.

Claro que sí, no me pasa nada – respondió Usagi dulcemente.

De pronto Usagi se encontraba frente a la que fue su casa, aquella en donde vivió tantos momentos.

Usagi tocó el timbre e inmediatamente su madre abrió la puerta. Al verse las dos se abrazaron, pues hace mucho no se veían.

Hija, me alegra tanto verte – dijo Ikuko.

A mi también, mamá – dijo la rubia.

Señora, es un placer verla – dijo Seiya.

El gusto es mío- dijo Ikuko.

Mamá, ¿Dónde esta papá? – dijo Usagi.

Él ha salido de viaje, hija – dijo Ikuko. ¿Quién es esa niña tan hermosa? –dijo Ikuko.

Bueno madre, ella es mi hija Rini – dijo Usagi.

No lo puedo creer, está hermosa mi nieta – dijo Ikuko, tomando a la pequeña en sus brazos.

Usagi, es una niña preciosa – dice Ikuko.

Sí madre, es la razón de mi vida – dice Usagi. Mamá, ¿puedo ir a mi habitación? – dijo Usagi.

Claro hija, todo está como lo dejaste – dice Ikuko.

La rubia se levanta en el acto dejando a Seiya con su madre, llega a su habitación y al entrar ve todo como ella lo dejó.

Hay tantos recuerdos aquí – pensó la rubia. De pronto se acercó a su tocador y vio una foto que hace mucho no veía, una foto de Mamoru y ella juntos. La tomó entre sus manos y se sentó en su cama. Éramos tan felices – decía la rubia.

Llevó la foto a su pecho y la abrazó, y unas lágrimas salieron de sus bellos ojos. Era evidente que lo seguía queriendo, incluso por su mente pasó la idea de buscar a Mamoru para decirle que tenían una hija, pero también pensaba en Seiya, no podía dejarlo así nada más. Luego de recordar salió de su habitación. Llegó a la sala en donde la esperaba Seiya, su madre y Rini.

Hija, ¿Por qué no te quedas a dormir aquí hoy? – dijo Ikuko.

Bueno mamá, es que… – titubeo la rubia.

Bombón, no te preocupes, vendré por ti mañana – dijo Seiya.

Gracias, Seiya – dijo la rubia.

Seiya se despidió cortésmente de Ikuko, y dándole un beso a Usagi se marchó. La pequeña Rini tenía mucho sueño, así que Usagi la tomó entre sus brazos y la llevó a dormir. Tenía muchas ganas de hablar con su madre, por lo que dejó a la pequeña dormida y las dos se sentaron, pues Ikuko conocía a su hija y sabía tenia algo que decirle.

Bien hija, dime, ¿por qué te fuiste? – preguntó Ikuko.

Usagi contó a su madre el engaño de Mamoru y Rei.

¿Aún lo amas? – preguntó Ikuko.

A ti no puedo mentirte, aún lo quiero – dijo la rubia.

Entonces búscalo y hablen – dijo Ikuko.

No es tan fácil, está Seiya, y él me ama – dijo Usagi.

Hija, no sacrifiques tu felicidad, además Mamoru te aceptaría con tu hija, él es muy noble – dijo Ikuko.

Mi hija es de Mamoru, aunque todos piensan que es de Seiya – dijo Usagi.

¿Por qué no le dices la verdad? – dijo Ikuko.

Yo descubrí que estaba embarazada cuando me fui, y no quise decir nada, pues no tenía caso – dijo Usagi.

Mamoru tiene derecho a saberlo, creo que Seiya entenderá, sólo puedo decirte que escuches a tu corazón – dijo Ikuko.

Lo pensaré mamá, aunque para mi no será fácil decirle la verdad a Mamoru – dijo la rubia.

Deben arreglar sus problemas, todos cometemos errores – dijo Ikuko.

Lo sé, pero te pido que no digas nada, pues quiero ser yo quien se lo diga – dijo Usagi.

Está bien hija, vete a descansar – dijo Ikuko.

La rubia subió a su habitación y pensó que Mamoru tenía derecho a saber que tenía una hija, pero pensaba en Seiya y se quedó dormida.

A la mañana siguiente se levanto a desayunar con su madre y su hija, de pronto tocaron a la puerta. Usagi abrió:

Buenos días bombón – dijo Seiya dándole un beso.

Buenos días Seiya – dijo la rubia.

Sabes bombón, mis hermanos y yo queremos ver unos detalles de la boda y quería pedirte que fueras a comprar el regalo de Minako y Yaten – dijo Seiya.

Claro que sí, iré cuando desayune – dijo Usagi.

Seiya besó dulcemente a Rini y se marcho despidiéndose de su bombón. Usagi termino su desayuno y pidió a su madre que cuidara a Rini pues quería ir a comprar el regalo para la boda, su madre aceptó.

Usagi llegó al centro comercial y tomó el elevador, adentro estaba Mamoru, pero ella no se percató en el momento. El elevador se quedo varado con los dos adentro.

¿Usagi? – dijo Mamoru muy alegre al verla.

Mamoru, no te vi. – dijo Usagi.

Parece que nos hemos quedado atrapados – dijo Mamoru.

Usagi se puso nerviosa, pues tenía miedo de que el elevador cayera.

No tengas miedo, yo te cuidaré – dijo Mamoru.

¿Cuidarme? No gracias, yo puedo hacerlo – dijo Usagi muy cortante.

Ella se ponía más nerviosa, por lo que Mamoru le dijo que se sentara, ella accedió y el se sentó a su lado, un largo silencio los invadió, pero Mamoru habló.

Sabes, yo quiero pedirte perdón – dijo Mamoru.

Eso de nada sirve, las cosas ya están hechas – dijo Usagi.

Necesito que me escuches, yo no te he olvidado y quisiera que me perdones – dijo Mamoru.

¿Sabes cuántas veces me pregunté por qué? No te imaginas cuánto lloré por ti, nunca entendí por qué tú y Rei me habían traicionado – dijo Usagi.

Fui un tonto, lo sé, pero yo te amo, sabes cómo hubiese querido que esa pequeña fuese mi hija – dijo Mamoru.

Tonto, ella es tu hija - pensaba, debo decirle la verdad – repetía la rubia.

Mamoru, yo debo decirte algo – dijo Usagi.

Dime – dijo Mamoru.

La verdad es que… - en ese momento el elevador se abrió y Usagi se levantó y salió.

Espera, ¿qué ibas a decirme? – dijo Mamoru tomándola de la mano.

Olvídalo, debo irme, tal vez en otro momento – dijo Usagi soltándose.

Mamoru veía cómo la mujer que amaba se iba y su corazon palpitaba, pues sabía que lo que ella iba a decirle era muy importante.

Usagi pensaba, estuve a punto de decírselo, mientras compraba el regalo para los novios.

Usagi pasó a recoger a su hija y se fue a casa de Seiya, todos estaban reunidos ahí.

Princesa, qué gusto verte – dijo Haruka.

Lo mismo digo – dijo ella.

Usagi, estas muy hermosa – dijo Michiru.

Gracias – respondió la rubia.

¿Quieres pastel? – dijo Makoto.

Claro que sí – dijo Usagi más animada.

¿Puedo cargar a tu hija? – dijo Amy.

Claro que… – dijo Usagi.

De pronto sintió que unos brazos la abrazaban.

Bombón, te extrañe tanto – dijo Seiya.

Yo también – dijo Usagi distraída.

Seiya notó que algo pasaba pero no dijo nada.

Vaya Yaten, quién diría que te nos casas mañana – dijo Taiki.

Sí, quién lo diría, Minako y Yaten juntos – dijo Michiru.

Así es, mañana estaremos juntos – dijo Minako.

Los enamorados se dieron un beso. La reunión fue muy amena para todos, todos quedaron en ser puntuales mañana en la boda, y se marcharon dejando a Taiki, Yaten, Seiya y Usagi.

La pequeña Rini estaba dormida y sus tíos subieron a acostarla.

Bombón, ¿quieres ir a caminar? – dijo Seiya.

Sí – dijo la rubia.

Los dos caminaron tomados de la mano y llegaron al parque, se sentaron en la banca.

Bombón, ¿qué te pasa? – dijo Seiya.

La verdad, no sé cómo decirte – dijo Usagi.

¿Qué pasa, hermosa? – dijo Seiya.

Es que he visto a Mamoru, y aunque lo niegue yo… -dijo ella haciendo una pausa.

Lo quieres, sé que lo quieres – dijo Seiya.

Sí, lo quiero, pero tú eres tan dulce – dijo Usagi.

Escucha hermosa, yo sabía que esto iba a pasar, y yo lo único que quiero es verte feliz – dijo Seiya.

Pero yo… - dijo la rubia. Tú debes buscarlo y decirle que tienen una hija, y ser feliz al lado Mamoru – dijo Seiya.

Eres tan dulce, no sé como agradecértelo – dijo Usagi.

Siendo feliz; habla con él, búscalo, él es tu felicidad – dijo Seiya.

Gracias Seiya, lo haré después de la boda de Minako y Yaten – dijo Usagi.

Seiya la abrazó, sabiendo que ésa era su despedida, pero estaba feliz por su amada princesa.

Los dos volvieron a casa pues mañana sería la boda de los chicos, y mañana Mamoru sabría que tiene una hija.

Los dos se durmieron pensando, ¿qué pasará mañana?

Esa pregunta rondaba la mente de Seiya y Usagi.

 

Próximamente la continuación...